El autor

Juan de Argaño

Juan de Argaño

Lo que parece semejante casi nunca resulta ser igual

Burgalés nacido en la Villa Nueva de Argaño, prófugo de la tierra para progresar, como Daniel el Mochuelo. Licenciado en disciplinas inútiles, máster en cuestiones no menos infecundas, gestor de incidencias anómalas, que es lo que da de comer, Juan de Argaño escribe por afición. O por necesidad. Para evadirse de una realidad hostil, persiguiendo El Dorado de contar esa novela perfecta que a él le hubiese gustado leer. Tal vez algún día. Probablemente nunca. Últimamente admira al señor Cayo.

Lector de novela negra; también de novela histórica cuando no tiene novela negra, le gustan sobre todo los protagonistas mediterráneos: Pepe Carvallo, Kostas Jaritos, Salvo Montalbano, Julio Cabria, Marco Didio Falco (novela negra histórica), Gordiano el Sabueso le parece un snob. Formado en la música hispana clásica: Rosendo, Siniestro Total, algo de Celtas Cortos y otro tanto de Sabina.

Sin embargo, su obra predilecta es El Camino, de Delibes. Paradigma de la fuga del genos para acabar descubriendo que, en ese hipotético apocalipsis nuclear que arrasase el progreso, sólo el disputado señor Cayo podría sobrevivir.

juandeargano@gmail.com

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Argumento

Yo he matado a Quintanapalla

Yo he matado a Quintanapalla

¿Qué tienen en común Alex, profesora y protagonista de la novela, ojos de color verde peligroso, y el Cerulario, clérigo y ladrón malencarado que roba y reparte el botín entre los pobres? ¿Luis Pascual, comisario obligado de oficio a investigar un presunto asesinato y Cicerón Grillo, un viejo del barrio que pretende pasar por jubilado? ¿Doña Amelia, desvalida y piadosa anciana, muy lúcida de mente, y Cristóbal, hermano mayor de una cofradía de rateros? Además de unos cuantos curas, un profesor rijoso, algún hacker, un tabernero admirador de Kant, y Martín, el pardillo que nunca pueda faltar en una novela.
A todos les une la caja de Quintanapalla, el difunto. ¿Quién de ellos lo mató?

Con ustedes:
Yo he matado a Quintanapalla.

(No me atrevo a nombrar al Gringo y a Patricia Vega, ¡sshhh!)

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A Coruxa

Alina, una peregrina de camino hacia Compostela,  y dos ballesteros, ocupados en sus negocios mercenarios, acaban encontrándose en la taberna A Coruxa, lugar donde se bebe, negocia y tratan asuntos bastante turbios.

Una novela de intriga, publicada en fascículos diarios al estilo antiguo, que se pueden leer a través de las Redes Sociales, aprovechando la tecnología actual.

Acceso a la Temporada I completa

 

Capítulo 1

– Yo he matado a Quintanapalla.
– Lo suponía.
– Ahora ya lo sabes. Te lo digo para que no me delates. Te obliga el secreto de confesión.
– ¿Te arrepientes?
– Por supuesto. Sé que ése es un requisito necesario para obligarte al silencio. Yo también soy cura.
– Sin embargo, creo que no es un arrepentimiento sincero.
– Ayala, déjate de interpretaciones. Si miento en esto cometo sacrilegio, pero ése es mi problema. Tú cumple con tu obligación: fíate de lo que te digo, absuélveme y cállate. Para siempre.

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Bares

Los bares de Yo he matado a Quintanapalla

Yo he matado a Quintanapalla

200 Copas

“El 200 Copas era la imagen de Pepe Montoro, su dueño. El nombre se lo daban los dos centenares de copas, ni una más ni una menos, que colgaban sobre la barra y que eran todas las consumiciones que Pepe estaba dispuesto a servir cada día…”

Niágara

“En estos bares el tufo a cerveza, vino rancio y humo de muchos años formaba una atmósfera amarillenta y espesa, favorable para las partidas de dominó. La baraja también se movía con soltura en estos locales. Eran bares grandes, con muchas mesas y, en los últimos tiempos, pocos clientes. Lo justo para cubrir gastos…”

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