Mala leche ©

A las once de la mañana en la Bodega Saiz cuatro viejos estiraban un porroncillo de vino lo que duraba el periódico, algún estudiante tomaba vino de a quince pesetas, y otras quince para el puñado de cacahuetes, lo más que podían permitirse. Esa era la clientela habitual de media mañana. También obreros de la zona que hacían un descanso para almorzar.
La bodega olía a escabeche, salazones y serrín empapado de vino y cerveza derramada. Felipe, el bodeguero, pasaba una rodea por el mostrador borrando la cuenta del último almuerzo; chicharro en escabeche, pan y porrón de vino. Vasito de orujo con moscatel de postre, para lavar los dientes. Sigue leyendo

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Paulino Moreno

(Tomado de la novela “Yo he matado a Quintanapalla”)

Paulino Moreno tal vez rondaba los cincuenta. Sin embargo el cansancio de su cara parecía indicar que estaba más cerca de los sesenta, a pesar del pelo, todavía abundante y negro, siempre peinado hacia atrás señalando unas entradas razonables en una persona de su edad. Vestía un abrigo de espiga gris, innecesariamente abotonado, tal vez para ocultar los agujeros del jersey. Pantalón también gris, más oscuro que el abrigo, zapatos negros demasiado ajados, tirando a limpios. Algunos restos de caspa en el cuello del abrigo. Sin duda, los baños públicos de Tetuán, lugar que afirmaba frecuentar a menudo, no dispensaban champú anti-caspa. Los escasos céntimos que aportaban los usuarios se iban en agua caliente y toallas limpias. Sin contar con la subvención municipal. Sigue leyendo