Yo he matado a Quintanapalla ©

AlexMi gratitud a los amigos que han prestado su cara, su nombre, e incluso, algún pequeño instante de su historia, para dar vida y realismo a este engrema titulado Yo he matado a Quintanapalla.

 

Capítulo 1

Yo he matado a Quintanapalla.

Lo suponía.

Pues ya lo sabes. Te lo digo para que no me delates. Ahora te obliga el secreto de confesión.

¿Te arrepientes?

Por supuesto. Sé que ése es un requisito necesario para obligarte al silencio. Yo también soy cura.

Sin embargo, creo que no es un arrepentimiento sincero.

– Ayala, déjate de interpretaciones. Si miento en esto cometo sacrilegio, pero ése es mi problema. Tú cumple con tu obligación: fíate de lo que te digo, absuélveme y cállate. Para siempre.

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Mala leche ©

A las once de la mañana en la Bodega Saiz cuatro viejos estiraban un porroncillo de vino lo que duraba el periódico, algún estudiante tomaba vino de a quince pesetas, y otras quince para el puñado de cacahuetes, lo más que podían permitirse. Esa era la clientela habitual de media mañana. También obreros de la zona que hacían un descanso para almorzar.
La bodega olía a escabeche, salazones y serrín empapado de vino y cerveza derramada. Felipe, el bodeguero, pasaba una rodea por el mostrador borrando la cuenta del último almuerzo; chicharro en escabeche, pan y porrón de vino. Vasito de orujo con moscatel de postre, para lavar los dientes. Sigue leyendo