Acción operativa ©

MendigoBuenaventura Moreno leía el periódico mientras tomaba el café de la mañana en la Bodega Saiz, y en la sección Madrid encontró la noticia que buscaba. Leyó con agrado los efectos de su acción. Así le gustaba llamarlo, “la acción”. Buenaventura acumulaba ya varios trienios como jubilado y no le dejaban militar activamente en su sindicato de siempre, la CNT. Pero su ánimo combativo se mantenía y desde los sucesos en aquel supermercado incluso se había acrecentado. Sigue leyendo

Paulino Moreno y el gallo ©

GalloPaulino Moreno veraneaba por las provincias de Burgos y Palencia. Cualquiera hubiese pensado que estaba haciendo turismo rural, pero no llevaba botas de gore tex, pantalones de Coronel Tapioca, ni sombrero high tech con filtro anti rayos ultravioleta. Sigue leyendo

La segunda oportunidad de Paulino Moreno ©

comedor2006. 6 de enero. Día de Reyes.

Ya hacía dos horas que Paulino Moreno había llegado. Desde entonces estaba en la cola para comer. La mañana del día de Reyes era fría, pero no más que la de cualquier otro día de enero. Los indigentes, mendigos de toda la vida, homeless en el extranjero, se iban reuniendo en torno al comedor de caridad según se aproximaba la hora de entrar. La mayoría ya eran veteranos y sabían que ese día el menú era extraordinario y unos entrantes de embutidos sustituían a las legumbres de cada día. Sigue leyendo

Paulino Moreno

(Tomado de la novela “Yo he matado a Quintanapalla”)

Paulino Moreno tal vez rondaba los cincuenta. Sin embargo el cansancio de su cara parecía indicar que estaba más cerca de los sesenta, a pesar del pelo, todavía abundante y negro, siempre peinado hacia atrás señalando unas entradas razonables en una persona de su edad. Vestía un abrigo de espiga gris, innecesariamente abotonado, tal vez para ocultar los agujeros del jersey. Pantalón también gris, más oscuro que el abrigo, zapatos negros demasiado ajados, tirando a limpios. Algunos restos de caspa en el cuello del abrigo. Sin duda, los baños públicos de Tetuán, lugar que afirmaba frecuentar a menudo, no dispensaban champú anti-caspa. Los escasos céntimos que aportaban los usuarios se iban en agua caliente y toallas limpias. Sin contar con la subvención municipal. Sigue leyendo