Paulino Moreno

(Tomado de la novela “Yo he matado a Quintanapalla”)

Paulino Moreno tal vez rondaba los cincuenta. Sin embargo el cansancio de su cara parecía indicar que estaba más cerca de los sesenta, a pesar del pelo, todavía abundante y negro, siempre peinado hacia atrás señalando unas entradas razonables en una persona de su edad. Vestía un abrigo de espiga gris, innecesariamente abotonado, tal vez para ocultar los agujeros del jersey. Pantalón también gris, más oscuro que el abrigo, zapatos negros demasiado ajados, tirando a limpios. Algunos restos de caspa en el cuello del abrigo. Sin duda, los baños públicos de Tetuán, lugar que afirmaba frecuentar a menudo, no dispensaban champú anti-caspa. Los escasos céntimos que aportaban los usuarios se iban en agua caliente y toallas limpias. Sin contar con la subvención municipal.
Paulino se miró los zapatos, levantando las punteras. Quizá trataba de comprobar si esas fisuras en la zona del juanete eran demasiado visibles. Seguramente tocaba volver a Cáritas. El jersey ya no daba para más y los zapatos también necesitaban recambio.
Paulino pensaba que llegados a ese punto, el suyo, no era preciso perder la dignidad más de lo necesario. Aunque tal vez su caso no contaba. Lo suyo se debía en gran parte a una elección personal. O a falta de ganas. Pero eso no era lo habitual. Después del tiempo en la cárcel podría haber tratado de comenzar de nuevo. Pero su familia le había abandonado; y él, por su parte, decidió que mejor sólo que ser mala compañía.

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