Opiniones

No lo dudes, léelo. Te atrapará.

(Antonio LM)

Expediente SócratesTenía muchas ganas de que #ExpedienteSócrates de Juan de Argaño llegara a mis manos. Las expectativas creadas después de leer #YoHeMatadoAQuintanapalla eran muy altas y eso es peligroso. Además en este nuevo libro se añadía un nuevo elemento, la Filosofía. Sí, la Filosofía con mayúsculas, porque el pensamiento, el razonamiento, la duda, la búsqueda de la verdad, la libertad que te da el pensamiento libre debe resaltarse. Esa Filosofía de la que nace la psicología que tanto me apasiona, es el hilo conductor de la novela.

No ha durado ni una semana en mis manos, la he devorado y me ha vuelto a enganchar desde el principio. Unos personajes nuevamente tratados de forma magistral, buenos que no son tan buenos, malos que no son tan malos, vidas pasadas, asesinatos, polis, monjas, personas influyentes…

Escribiría mucho más de lo que me ha provocado el libro, pero soy consciente de que el tamaño del párrafo es inversamente proporcional al número de lectores y yo no soy tan bueno como Juan de Argaño para mantener el interés.

Sólo una cosa más, si queréis pasar un buen rato no dejéis de leer #ExpedienteSócrates y si además os gusta la Filosofía os va a encantar.

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Sinopsis

 

El tertuliano y economista Ernesto Salinas aparece muerto en su coche, con un tiro en el cuello. Junto al cadáver hay una nota: “Cualquiera que sea el mal que puedan hacer los malos, el mal que hacen los buenos es el más nocivo de todos los males”. El texto pertenece a la obra Así habló Zaratustra de Nietzche. Y también a la canción Dionisos, el principal éxito del desaparecido grupo de música punk que lleva su mismo nombre.

Un nuevo caso para el comisario Luis Pascual, que se verá obligado a colaborar con el DPS (Departamento de Pensamiento Subversivo), dirigido por el siempre implacable Anastasio Cabañas.

Juan de Argaño vuelve con una nueva novela. Los que se divirtieron con la primera, Yo he matado a Quintanapalla, podrán reencontrarse de nuevo con algunos de sus personajes: Cristóbal, profesor de filosofía jubilado y hermano mayor del Patio de Monipodio. Cicerón Grillo, nunca jubilado del todo. Alex, la inquietante joven de ojos verdes. Y también tendrán la oportunidad de conocer a otros nuevos: Diógenes, el del síndrome. Frederick, músico retirado, aficionado al Scalextric. René, el Francés, un francotirador cartesiano.

Una vez más, intriga, acción y personajes singulares.

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Prospecto

Contenido.

Expediente Sócrates es una novela policíaca con intriga, acción y personajes singulares. También contiene una dosis alta de principios activos filosóficos.

Cómo leer Expediente Sócrates.

Liberar la mente de juicios previos puede facilitar el disfrute de la lectura. En algún caso se han detectado alucionaciones y urticarias en lectores fuertemente ideologizados, con tendencia a identificar personajes y hechos de la novela con sucesos y personas reales. El autor recuerda que lo que parece semejante casi nunca resulta ser igual, y que los hechos y personajes de la novela son ficticios, por lo que cualquier coincidencia con la realidad es eso, pura coincidencia.

Dicho esto, usted puede leer Expediente Sócrates como le dé la gana. Es su libro, usted es libre y paga sus impuestos. Puede hacer lo que quiera.

No lea Expediente Sócrates.

  • Si sufre hiperdesarrollo del sistema disyuntivo y para sentirse bien necesita clasificar la realidad en bueno o malo, nosotros o ellos, blanco o negro.
  • Si padece algún trastorno del aparato relativizador.

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Capítulo 1

Cecina de León

  • Un tiro en el cuello.

El que lo afirma es un policía joven, bisoño, recién salido de la academia.

  • Pues las manchas de sangre no salen –observa su compañera, veterana del cuerpo-. Ciento cincuenta euros de camisa a la basura. Sin contar la corbata.
  • Seguramente es su mayor preocupación en este momento –argumenta con sorna su compañero.

Los dos policías observan a distancia el cadáver después de haber acordonado la zona. Sólo son patrulleros esperando a que llegue la autoridad competente y el grupo de homicidios, la científica y todos esos expertos que con habilidad y suerte resolverán el crimen.

  • Buenos días –saluda el comisario Luis Pascual, con las solapas de la chaqueta levantadas por el frío-. No está la mañana para andar por ahí en un descapotable –comenta, observando el coche en el que han encontrado el cuerpo, un modelo ostentoso.

La cabeza del cadáver cae sobre su pecho, inclinada hacia la derecha, dejando claramente a la vista el orificio de bala en el lado izquierdo del cuello. El cinturón de seguridad ha cumplido con su misión e impide que el cuerpo se vaya hacia adelante.

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El autor

Juan de Argaño

Juan de Argaño

Lo que parece semejante casi nunca resulta ser igual

Burgalés nacido en la Villa Nueva de Argaño, prófugo de la tierra para progresar, como Daniel el Mochuelo. Licenciado en disciplinas inútiles, máster en cuestiones no menos infecundas, gestor de incidencias anómalas, que es lo que da de comer, Juan de Argaño escribe por afición. O por necesidad. Para evadirse de una realidad hostil, persiguiendo El Dorado de contar esa novela perfecta que a él le hubiese gustado leer. Tal vez algún día. Probablemente nunca. Últimamente admira al señor Cayo.

Lector de novela negra; también de novela histórica cuando no tiene novela negra, le gustan sobre todo los protagonistas mediterráneos: Pepe Carvallo, Kostas Jaritos, Salvo Montalbano, Julio Cabria, Marco Didio Falco (novela negra histórica), Gordiano el Sabueso le parece un snob. Formado en la música hispana clásica: Rosendo, Siniestro Total, algo de Celtas Cortos y otro tanto de Sabina.

Sin embargo, su obra predilecta es El Camino, de Delibes. Paradigma de la fuga del genos para acabar descubriendo que, en ese hipotético apocalipsis nuclear que arrasase el progreso, sólo el disputado señor Cayo podría sobrevivir.

juandeargano@gmail.com

Argumento

Yo he matado a Quintanapalla

Yo he matado a Quintanapalla

¿Qué tienen en común Alex, profesora y protagonista de la novela, ojos de color verde peligroso, y el Cerulario, clérigo y ladrón malencarado que roba y reparte el botín entre los pobres? ¿Luis Pascual, comisario obligado de oficio a investigar un presunto asesinato y Cicerón Grillo, un viejo del barrio que pretende pasar por jubilado? ¿Doña Amelia, desvalida y piadosa anciana, muy lúcida de mente, y Cristóbal, hermano mayor de una cofradía de rateros? Además de unos cuantos curas, un profesor rijoso, algún hacker, un tabernero admirador de Kant, y Martín, el pardillo que nunca pueda faltar en una novela.
A todos les une la caja de Quintanapalla, el difunto. ¿Quién de ellos lo mató?

Con ustedes:
Yo he matado a Quintanapalla.

(No me atrevo a nombrar al Gringo y a Patricia Vega, ¡sshhh!)

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